¡Epa, Bonchones! Suelten lo que están haciendo porque les traemos un chismecito musical que está más bueno que una empanada de cazón en la playa. ¿Se imaginan a esos monstruos del rock, los legendarios Foo Fighters, metidos en un cuartico que parece la oficina de un pasante? ¡Pues agárrense, porque sucedió!
Resulta que los panas de NPR Music tienen un formato llamado «Tiny Desk», que es básicamente meter a bandotas en su oficina a tocar. ¡Y cuando decimos oficina, es literal! Con sus escritorios, sus computadoras y seguro que hasta el tupper con el almuerzo de alguien por ahí. Los seis integrantes de Foo Fighters se metieron en ese espacio, más apretados que gente en el metro a las seis de la tarde. Acostumbrados a reventar el Madison Square Garden, ahora estaban codo a codo, pero ¿ustedes creen que eso los achicopaló? ¡Qué va!
El mismísimo Dave Grohl, ese panita que parece que nunca se estresa, se pegó al micrófono y soltó un rugido que seguro hizo temblar los vidrios: «Saben que realmente me importa un bledo». ¡Así, sin filtro! Demostrando que para hacer rock del bueno no necesitas un escenario de 100 metros, solo la actitud. Y el resto de la banda, como los profesionales que son, le siguieron el juego con unos coros que ni les cuento. Al terminar, el tipo hasta bromeó diciendo que el micrófono es «el instrumento más difícil de tocar de todos». ¡Un crack total!
Antes de lanzarse con el clásico «Learn to Fly», Grohl se puso sentimental y dijo que era un honor estar ahí, que él mismo es fan del programa. ¡Qué humildad la de este carajo! Mencionó que cuando vio a otra banda, Trouble Funk, apretujada en el mismo sitio, pensó: «No es tan pequeño». ¡Claro, Dave, para ustedes que llenan estadios, cualquier cosa es un cuartico! El repertorio fue una crema: «Spit Shine», «Child Actor» y, para rematar, los himnos que todos hemos coreado a todo pulmón en alguna rumba: «My Hero» y «Everlong». ¡Imagínense ese beta sonando a todo volumen en la 107.1 mientras vas por la Av. Bolívar en Valencia! Se paraliza el tráfico, se los juro.
Obviamente, los empleados de NPR que tuvieron la suerte de estar ahí estaban como locos, gritando y aplaudiendo. ¡Quién no! Tener un concierto privado de Foo Fighters mientras trabajas es mejor que un bono de fin de año. La banda se despidió con la sencillez de los grandes, un simple «Gracias, fue muy divertido», y listo. Esto demuestra, Bonchones, que el talento no necesita parafernalia. Aunque no los tendremos pronto por Venezuela, los que anden por Norteamérica podrán verlos en su gira a partir de agosto.
Así que ya lo saben, a veces los mejores conciertos no son los de estadios llenos, sino estos betas íntimos donde se ve la verdadera esencia del artista. Una prueba más de que la buena música conecta en cualquier espacio, sea grande o chiquito. Y para buena música, ya saben dónde encontrarla, en la emisora número uno del centro del país. ¡Sintonía Total!
