¡Epa, mis Bonchones! Agárrense duro porque desde México lindo y querido nos llega un beta que está más picante que un jalapeño en ayunas. Resulta que a los políticos de la Ciudad de México les dio por bajarle el volumen, pero de manera radical, a los famosos narcocorridos que tanto suenan por allá.
Con una votación que ni el mejor equipo de la LVBP logra, ¡unánime!, le dieron luz verde a una reforma que básicamente le dice ‘hasta la vista, baby’ a cualquier espectáculo público que ponga a los malandros como si fueran superhéroes. Ojo, no es que prohibieron la palabra ‘corrido’ del diccionario, pero si tu canción habla de jefes, plomo y billete mal habido, mejor la cantas en la ducha de tu casa, porque en un concierto masivo… ¡nanay, nanay! La cosa es simple: si el evento justifica o normaliza el delito, podría ser suspendido.
La diputada que impulsó este rollo, una tal Laura Alejandra Álvarez, soltó sin pelos en la lengua que ya basta de que los chamos vean a estos personajes como un modelo a seguir. Según ella, la misión es cortar de raíz esa idea de que ser el ‘duro’ del barrio es la meta en la vida. Buscan promover una ‘cultura de paz’, especialmente para proteger a los niños y adolescentes. ¿Ustedes qué creen? ¡Esto está que quema en Valencia! ¿Se imaginan que apliquen una regla así por acá? ¡El debate en las calles sería monumental!
Ahora viene lo bueno del chisme: ¿quiénes son los que se quedan sin tarima? Pues, artistas del calibre de Natanael Cano o Luis R. Conriquez, que la han partido con sus corridos tumbados y bélicos, ahora están en el ojo del huracán. La ley aplica para todo: conciertos, festivales, ferias, estadios y hasta en los planteles educativos. ¡Cero chance de que suene un corrido pesado en la fiesta de graduación! Y que no les extrañe, porque otros estados mexicanos ya tenían reglas parecidas, algunos incluso piden la lista de canciones antes del show. ¡Qué control, pana!
Claro, como en todo buen bochinche, hay dos bandos. Por un lado, está la gente que aplaude la medida hasta con los pies, diciendo que ya era hora de frenar la normalización de la violencia. Pero por el otro, están los que gritan ‘¡Censura!’, preguntándose quién tiene el poder para decidir qué es arte y qué no lo es. ¿Es una canción solo una canción, o de pana tiene el poder de influenciar a la gente? El debate está servido en bandeja de plata, Bonchones, y la polémica pica y se extiende.
Este tremendo lío musical apenas comienza y promete más capítulos que una novela de las nueve. Veremos si esta medida se queda solo en México o si otros países agarran dato y se montan en la misma ola. Por ahora, aquí en Bonchona Radio te seguiremos contando cada detalle de este bochinche, porque somos la emisora número uno del centro del país. ¡Y no se les olvide, mantengan esa Sintonía Total!
