¡Epa, Bonchones! Párenle a todo que este beta musical que les traemos hoy está para sentarse a analizarlo con un café bien cargado. La noticia seca dice que el músico argentino Daniel Melingo falleció a los 68 años. Pero aquí en Bonchona Radio le metemos la lupa al chisme, porque la cosa tiene más tela que cortar que un vestido de quinceañera. ¿La razón? El tipo estaba a punto de soltar una bomba musical y de repente, ¡puf!, se apaga la luz.
Imagínense la escena, que parece sacada de una película de misterio. Lo consigue su propio hijo en su casa, sin vida, y hasta ahora nadie sabe a ciencia cierta qué fue lo que pasó. Se habla de que sufría una enfermedad pulmonar, pero el parte oficial todavía está en veremos. Y aquí es donde el chisme se pone bueno, porque Melingo no estaba precisamente retirado viendo el techo. ¡Qué va! Estaba a días de lanzar «Tangos bajos (Rework)», un discazo que prometía reventar las cornetas en toda Latinoamérica. Y no venía solo, el pana se trajo a puros pesos pesados: Fito Páez, Andrés Calamaro, el controversial Pity Álvarez y hasta el rey de la cumbia villera, Pablo Lescano. ¡Una locura de junte que ahora queda como un testamento musical en el aire!
Para los que se preguntan quién era este personaje, déjenme decirles que no era ningún novato. Daniel Melingo fue uno de los cerebros detrás del sonido que definió el rock argentino en los 80. Fue pieza clave en bandas legendarias como Los Abuelos de la Nada, donde compuso el temazo «Chalamán», y cofundó Los Twist junto a Pipo Cipolatti, regalándonos himnos como «Cleopatra». Por si fuera poco, también le metió saxo y clarinete a la banda de un tal Charly García en su época de «Piano Bar». ¡Casi nada! Era un músico de esos que están en todas las fotos importantes de la historia del rock de nuestro continente.
Pero lo más increíble de Melingo es que el tipo no se quedó pegado en la nostalgia. Cuando ya era un duro del rock, le dio un giro de 180 grados a su carrera y se metió de cabeza en el tango. Pero no el tango de la abuela, no. Un tango moderno, oscuro, con calle, que le valió premios y reconocimiento mundial. Y no paraba ahí: montó una «Ópera Linyera», sacó su propio vino malbec y hasta actuaba. Un artista completo, de esos que te preguntas de dónde sacan tanta energía. Si este sonido tan vanguardista sonara en la 107.1 mientras vas por la Av. Bolívar de Valencia, más de uno se quedaría pegado.
La partida de Daniel Melingo deja un vacío, pero sobre todo, una historia con un final de película. Se fue un innovador, un poeta de la música que estaba listo para dar otro golpe en la mesa, para demostrar que la creatividad no tiene edad. Nos quedamos con la intriga de cómo hubiese sido ese gran show en el Teatro Coliseo y con las ganas de escuchar completo ese disco lleno de estrellas. Desde aquí, desde la emisora número uno del centro del país, le subimos el volumen a su legado, que seguirá sonando fuerte. ¡Sintonía Total!
