¡Epa, Bonchones, párenle a todo lo que están haciendo! Si creían que lo sabían todo sobre el legendario Indio Solari, agárrense duro porque les traemos un beta que está más caliente que el asfalto de Valencia a mediodía. Resulta que el ícono de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota no solo era el poeta del rock, el tipo que nos voló la cabeza con sus letras… ¡sino que también era un artista plástico de los bravos! Sí, así como lo oyen. El hombre le daba al pincel, al collage y al arte digital con la misma pasión que al micrófono. Una faceta súper oculta que muchos desconocían y que demuestra que su talento no tenía límites.
La prueba de este beta musical es una exposición que andaba rodando por toda Argentina llamada “Brutto”. ¿Y qué significa eso? Pues viene del italiano y se refiere a la belleza de lo crudo, lo imperfecto, ¡lo que te perturba! Nada de paisajes bonitos ni retratos amables. El arte del Indio era como su música: directo, sin anestesia y con una imaginación que te dejaba pensando. Esta muestra reunía catorce de sus obras más potentes, esas que primero compartía en sus redes sociales y que ahora cobraban vida en un museo. ¡Imagínense ese bonche visual! Era, como decían los curadores, un arte que no buscaba ser amable, sino conmover desde la crudeza. ¡Puro rock and roll hecho con imágenes!
Pero esto no es algo nuevo, Bonchones. Desde que arrancó su carrera como solista por allá en 2004, ¿quién creen que hacía las carátulas de sus discos? ¡Él mismo! El tipo era el director creativo de su propio universo. Su estilo era una mezcla de cómic oscuro, casi de novela gráfica, con una onda medio surrealista y psicodélica que te atrapaba. ¿Y de dónde salía tanta inspiración? Pues el Indio era un fanático a morir de los cómics underground de los 70 y 80. Hay fotos legendarias de él y su esposa, Virginia, nadando en un mar de revistas de historietas europeas. De ahí venía toda esa estética que después veíamos en sus discos y que era como una extensión de sus poemas.
Y aquí viene la mejor parte del chisme, ¡la que nos dejó con la boca abierta! Cuando el Indio era un chamo de 20 años y andaba, como decimos aquí, «pelando», usaba su arte como moneda de cambio. Si un pana le daba posada en su casa, él le dejaba un dibujo como agradecimiento. ¿Se imaginan eso? Tener un cuadro original del Indio Solari colgado en la pared de tu casa porque lo ayudaste una noche. ¡Eso es tener más suerte que ganarse la lotería! Esos panas hoy deben tener un tesoro invaluable sin saberlo. Era su forma de sobrevivir y de dejar su huella antes de convertirse en la leyenda que todos conocemos.
Definitivamente, el Indio Solari era un artista en toda la extensión de la palabra, un creador que se expresaba con notas musicales y con trazos de tinta. Un genio que, incluso después de su partida, nos sigue sorprendiendo con tesoros ocultos como este. Para enterarte de más betas así, que te vuelan la peluca, quédate pegado a Bonchona Radio, la emisora número uno del centro del país. ¡Sintonía Total!
