¿Qué pasa, mis Bonchones? Agárrense ahí porque les traemos un beta que les va a volar la peluca. ¿Creyeron que Wakanda y *Black Panther* eran lo más brutal que habían visto? ¡Pura paja! Eso fue apenas la puerta de entrada a un universo que está que quema en Valencia y en todo el mundo: el Afrofuturismo. Un chisme cultural que se las trae y que demuestra que el futuro tiene otro color y otro sonido.
Imagínense esta locura que está sonando durísimo hasta en el centro del país: ciencia ficción, pero con el flow y la sabrosura de la espiritualidad africana. Olvídense de esa idea de que el progreso es una línea recta como una autopista. ¡Aquí el tiempo es un círculo, un eterno retorno! Se trata de mezclar naves espaciales con rituales ancestrales, que los dioses yorubas puedan caminar por ciudades hipertecnológicas y que la inteligencia artificial se siente a echar cuentos con los ancestros. No es para escapar del pasado, ¡qué va! Es para dialogar con él, para agarrar el trauma histórico y convertirlo en el motor de una imaginación arrechísima. Es como si los genios de la música, como Sun Ra y el papá de los helados del funk, George Clinton, se hubieran montado en una nave del tiempo para armar un bonche cósmico y enseñarnos cómo se hace.
Aquí es donde el chisme se pone bueno, porque si pensaban que todo era el ‘Wakanda Forever’, están pelando gacho. Hay películas que te dejan con la boca abierta y te hacen pensar. Tomen nota, Bonchones. Está *Neptune Frost*, un musical ciberpunk que te cuenta cómo el coltán de tu celular conecta con África de una forma súper cruda y hasta queer. ¡Un beta político con un beat que te revienta los oídos y te hace cuestionar de dónde sale la tecnología que usamos todos los días!
Pero la cosa no para ahí, el menú es largo. Tienen *La noche de reyes*, donde un carajo en una cárcel de Costa de Marfil tiene que echar cuentos toda la noche para que no lo quiebren. ¡La palabra como un arma de supervivencia, qué nivel! O *On Becoming a Guinea Fowl*, una película de Zambia que usa el humor negro para romper el silencio sobre los secretos familiares y el abuso, demostrando que el futuro solo se construye si se ventilan los trapitos sucios del pasado. Y ni hablar de *Dahomey*, que sigue el regreso de tesoros robados a Benín, pero con un giro demencial: ¡los objetos tienen voz propia y cuentan su propia historia! Una vaina de locos que te cambia la perspectiva por completo.
Así que ya lo saben, Bonchones. El Afrofuturismo no es solo ver a gente de color en el espacio, es una movida cultural completa que está reescribiendo las reglas del juego, desde el cine hasta la música que podría estar sonando en la 107.1. Es la prueba de que el futuro se construye mirando pa’trás, pero con la vista puesta en las estrellas. Quédense pegados a la emisora número uno del centro del país para más betas como este. ¡Sintonía Total!
