¡Epa, Bonchones! Agárrense que este beta musical está para alquilar balcón. Resulta que la despedida del legendario rockero argentino, el Indio Solari, fue más que un simple velorio. ¡Fue una verdadera locura, un despelote de amor y rock and roll que paralizó Argentina! Imagínense un gentío que ni en un Magallanes-Caracas, ¡filas de más de 50 cuadras! Una multitud que solo quería decirle adiós a su ídolo. Pero lo más increíble de todo no es la cantidad de gente, sino el último deseo, la última «locura» que dejó el pana antes de irse al concierto eterno en el cielo. Su gente cercana soltó un mensaje en redes que dejó a todos con la boca abierta: “Ya está. Todas y todos los que tuvieron la posibilidad de acercarse a despedirlo, lo hicieron”. Pero el verdadero chisme, el que nos tiene aquí echando el cuento, viene después.
Aquí es donde la cosa se pone buena, Bonchones. Cuentan los panas del Indio que el tipo, antes de partir, dejó su amplificador Marshall, el mismo con el que hacía temblar estadios, encendido. ¡Así como lo leen! Y no solo eso, también el sistema de sonido donde escuchaba las maquetas de sus nuevas canciones. ¿Qué tal? Es como si dijera: «Miren, yo me voy, pero la fiesta sigue». Según su equipo, fue su manera de pedir que la música siguiera sonando, que el rock no se apagara nunca. “Nos sugirió, así, que la música debía seguir sonando, más allá de lo que ocurriese. Hagamos eso. Que su música no pare nunca más”, escribieron. ¡Qué nivel! Ya nos imaginamos ese sonido retumbando desde el más allá, directo a la 107.1 FM aquí en Valencia. ¡Brutal!
Por si fuera poco, el bonche de despedida no fue cosa de un solo día. Desde que se supo la noticia, miles de fanáticos se lanzaron a las calles en toda Argentina. Plazas, parques, hasta el famoso Obelisco de Buenos Aires se llenaron de gente cantando sus temas a todo pulmón. ¡Un verdadero karaoke masivo y espontáneo! El sábado, su banda, Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, se montó en una tarima en Comodoro Rivadavia y dio un concierto que, dicen, fue pura emoción y lágrimas. En vez de guardar luto en silencio, decidieron honrar a su líder como a él le hubiese gustado: con los decibeles al máximo y la gente coreando sus himnos. Fue la prueba de que el legado del Indio no se entierra, ¡se grita y se canta!
El velorio oficial fue en un polideportivo que se quedó chiquito para tanto cariño. Afuera, las rejas estaban tapizadas de banderas, pancartas, flores y mensajes. Adentro, junto al féretro, sus fotos, camisetas de fútbol y más banderas. Dominando la escena, un cartel gigante que decía «Indio» con la fecha de su vida: «1949 – ∞». ¡Infinito, Bonchones! Eso es lo que representa este artista para su gente. No es un final, es una transformación. La jornada estuvo cargada de aplausos, cánticos y esa energía única que solo los grandes ídolos pueden generar, incluso después de haberse ido. Una despedida que más que un adiós, fue una celebración de una vida dedicada a la música que rompió esquemas.
Al final, el mensaje del Indio Solari es clarito: la música es eterna y tiene el poder de unirnos. Su partida física solo fue el comienzo de su leyenda inmortal, una que seguirá sonando en cada guitarra y en cada corazón rockero. Aquí, desde Bonchona Radio, la emisora número uno del centro del país, le subimos el volumen a su legado y celebramos a los que viven y mueren por su arte. ¡Sintonía Total!
